El camino hacia el propósito personal

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   Domingo, 06 de Mayo de 2018

Encontrar un propósito puede resultar complejo. Parece que encontrarlo es como un llamado especial, solo le ocurre a pocos elegidos, o es una especie de conexión mística espiritual. Existen muchos mitos y creencias limitantes acerca de lo que significa crear un propósito. Existen falsas acepciones o significados poco profundos sobre el tema; y no se ha tratado con el suficiente rigor y la suficiente profundidad que amerita y requiere. Podemos también pensar que no se le ha dado a la construcción de un propósito un abordaje integral que abarque e incluya distintas perspectivas, para satisfacer las miradas soft y las hard, lo filosófico y lo práctico, lo espiritual y lo terrenal...Ya que un propósito integra ambas miradas y perspectivas.

Por ejemplo, un propósito y lograr objetivos están sumamente relacionados: la medida del cumplimiento de un propósito es la cantidad de objetivos y resultados que se logran, solo que desde una perspectiva distinta a la que conocemos.

Lo que queremos proponer en este material de lectura no es el encuentro con el propósito personal, ya que eso es un tema profundo y no creemos que se encuentre tan fácilmente y menos leyendo un artículo al respecto. Pero sí queremos proponer una perspectiva sobre propósito que esclarezca ciertos puntos con algunas preguntas que indiquen un camino y visión, para ayudar a quienes tienen la curiosidad y la inquietud de transitarlo.

¿Qué implica tener un propósito?

Vivir con un propósito implica, en primera instancia, una conexión especial con nosotros mismos; una perspectiva no ordinaria de nuestras vidas, una mirada sensible y profunda del mundo, los demás y una visión trascendental de nuestra existencia. Seguramente haya otros aspectos, pero vamos a centrarnos en estos, lo cual ya es bastante. Esta mirada y perspectiva es una de las claves para poder transitar el camino hacia un propósito.

La primera conclusión que ofrecemos es que el camino a un propósito comienza con una manera de observar y mirar; el tipo de observador que somos de nosotros, el mundo y la vida determinan si es posible o no el acceso a un propósito. A partir de una forma particular de mirar y observar, se puede crear un propósito y eso depende de la profundidad que tengamos para conectar con nuestro mundo interior, donde radica nuestro yo más verdadero y poderoso.

El propósito personal y el desarrollo de la consciencia

Quizás la dificultad no es crear o conectar con un propósito de vida, sino lo complejo es aprender a mirar lo que hay que observar y saber conectar con ese yo interior, para poder crearlo. Este sería el contexto para crear un propósito, ya que sin este contexto un propósito es difícil que florezca; metafóricamente hablando el propósito sería como la semilla de una flor que necesita un clima especial para crecer; nosotros podemos ser ese clima especial y favorecer su crecimiento o ser otro tipo de clima y reducir mucho las posibilidades de florecimiento.

Podríamos hasta pensar que acceder a un propósito personal requiere de una madurez personal, que tiene que más ver con el desarrollo de la consciencia que con la edad cronológica. Si hablamos de niveles de consciencia, hay niveles que no permiten el acceso al propósito...

La consciencia del ser y el propósito

O sea, la creación de un propósito es la consecuencia de una expansión de la consciencia. En los niveles básicos de consciencia (el ego) la mirada de nuestra vida pasa por una visión personal donde el foco está en lograr, tener y acumular para satisfacer las necesidades y deseos propios. Sumando a ello, una mirada basada en la supervivencia, la competencia, la sobre protección y querer suplir el vacío existencial con el afuera, lo material y la diversión/placer. Una vida basada en esta perspectiva dificulta conectar con un propósito, ya que las personas están demasiado ocupadas poniendo su energía en obtener, ganar, recibir, transaccionar y lograr. Y nada tiene de malo esta forma de estar y ser en la vida, pero el propósito implica conectar con un yo más elevado. Y solo un salto de consciencia hacia niveles superiores posibilita esta conexión.

Una persona demasiado anclada en esa consciencia primaria carece del instrumental humano requerido como para hacer esa conexión con su propósito.

Muchas de sus acciones están basadas en el miedo, el control y la escasez y esta energía no empata con un propósito. Por eso hablamos de trascender los paradigmas culturales heredados que nos condicionan para desarrollar una nueva consciencia. Sin este salto nos quedamos afuera de la energía interna que favorece el florecimiento de un propósito.

Un salto de consciencia

Cuando una persona trasciende esa consciencia egocéntrica es cuando puede mirar su vida desde una visión más profunda. Y solo esta forma de ser se aplica a personas que han podido expandir su percepción de sí mismas, la vida y el mundo.

Solo conectando con ese yo superior que esencialmente somos, se abren las puertas del propósito. Hasta podemos decir que cuando una persona logra esa conexión, el propósito está ahí esperándole. Desde esta perspectiva, un propósito es más una consecuencia, que algo que puede ocurrir azarosamente en la vida de cualquiera. Volviendo a la metáfora del clima como contexto, primero hay que trabajar el suelo para transformar esa tierra para que la semilla del propósito florezca.

Lo que queremos plantear es que para que ocurra una vida de propósito debe existir un suelo fértil primero; y ese suelo fértil es una consciencia ampliada y una percepción no ordinaria de la vida (fuera de la matriz condicionante del ego).

Para desarrollar esa consciencia ampliada es importante actualizar ciertas ideas fundacionales acerca de:

1. Nosotros mismos.

2. Nuestra vida.

3. El mundo.

Hay muchas ideas y pensamientos promotores que tenemos acerca de estos 3 puntos que nos limitan en la posibilidad de acceder al nivel de consciencia del ser y encontrar un propósito. Reflexionar sobre estos 3 puntos con mayor perspectiva, yendo más allá de los viejos paradigmas, nos pueden permitir una mirada más profunda.

A la luz de la evolución es normal encontrarnos con formas de pensar y estilos de vida todavía enfocados en el bien personal y no el bien común. No estamos muy lejos de guerras mundiales, todavía no hemos solucionado el hambre en el mundo y los centros de poder siguen aprovechándose de las masas. Esto muestra que estamos bastante lejos del ser y en desconexión con nuestro yo más elevado, y que la mejor versión de nosotros mismos está todavía por descubrirse.

Es normal pensar que no es tan fácil y obvio tener una perspectiva profunda de nuestras vidas cuando estamos bombardeados y atravesados por la información, la tecnología y la economía que opacan la llama de nuestro yo más grandioso y nos alimentan el fuego de una falsa seguridad a partir de lo material y el disfrute/placer cortoplacista. Entender estas distorsiones paradigmáticas heredadas es el primer paso para expandir consciencia y comprender naturaleza humana desde otro ángulo.

Cuando ampliamos consciencia nos damos cuenta, desde ese yo superior, que vivir con esa desmedida preocupación y miedo por tener, lograr, sobresalir, ser reconocidos o lograr un buen status social es una ilusión que podemos trascender.

Pero solo esa ilusión cae cuando se accede verdaderamente a mirar la vida desde otra perspectiva.

Una visión renovada desde una consciencia expandida Cuando accedemos a renovar la mirada sobre nosotros mismos y conectamos con nuestro yo esencial es cuando dejamos de gastar energías en vivir una vida de supervivencia, seguridad y control para soltar esa presión y ver la vida como una oportunidad para:

• contribuir;

• conectar con nuestros dones y talentos;

• defender una causa,

• trascender;

• dejar un legado;

• servir.

Y como consecuencia de ello, el mundo pasa de ser un escenario para pelear, ganar, competir, sobresalir y ser reconocidos, a ser un escenario para desarrollar la mejor versión de nosotros mismos y vivir desde nuestros valores más nobles y virtuosos. Eso incluye y subsume pelear, ganar, lograr, tener y ser reconocidos, pero desde otro ángulo y visión. En este shift de consciencia es cuando dejamos de tener ese miedo profundo subyacente en el inconsciente para comenzar a vivir con coraje, pasión, alegría y creatividad, conectando con esa dimensión espiritual que la mente condicionada no puede ver ni percibir.

De esta manera se ha creado el contexto y se ha trabajado el suelo que permita el florecimiento del propósito. Es entonces cuando el propósito ocurre en la vida de una persona porque nuestro yo superior, ese genio dormido que yace en nuestro interior, se hace escuchar y en su voz se percibe la energía de un propósito como posible forma de vida.

Hay muchos abordajes de cómo lograr un propósito. Este es uno de muchos. Todos tienen grandes verdades y todos apuntan al mismo lugar. Lo único que pretenden estas ideas es despertar la curiosidad de quien lee de que existe un yo superior que posee gran sabiduría y consciencia, que hay maneras de acceder a una mejor versión de nosotros y que todos tenemos dones y talentos que esperan despertar.

El resto le corresponde a cada quien, y ese es un camino individual que no se puede sustituir.

 

Por Federico García Berro, Asyxma

 

Fuente: www.asyxma.com